Antipsiquiatría – David Cooper


david cooper

El Dr. David G Cooper (1931-1986 ) es una figura conocida del movimiento de la anti-psiquiatría, junto con R.D. Laing, Thomas Szasz y Michel Foucault. El fabricante de vinos se graduó en la universidad de Ciudad del Cabo en 1955. Se trasladó a Londres, en donde trabajó en varios hospitales y dirigió un experimento para los esquizofrenicos jóvenes llamados Villa 21. En 1965, estuvo implicado con Laing y otros en establecer la asociación de Philadelphia. Sus ensayos importantes incluyen: * Razón y violencia: una década de la filosofía de Sartre, Tavistock (1964) coautor con R.D. Laing * Psiquiatría y Contra-Psiquiatría (Ed.), Paladin (1967) * La dialéctica de la liberación (Ed.), introducción del fabricante de vinos de Penguin (1968) – se puede leer en el Web site de Herberto Marcuse. * La muerte de la familia, Penguin (1971) * Gramática de vivir, Penguin (1974) * La lengua de la locura, Penguin (1978) .Coordinó el congreso sobre la dialéctica de la liberación, llevada a cabo en Londres en la granja del 15 de julio al 30 de julio de 1967 R. incluido los participantes D. Laing ,Goodman de Paul, Allen Ginsberg, Herberto Marcuse y el Stokely Carmichael de las panteras negras. Jean-Paul Sartre pero fue cancelado. El término “anti-psiquiatría” fue utilizado por primera por David Cooper en 1967. Fue miembro fundador de la asociación en Londres, y director en Filadelfia del instituto de estudios fenomenológicos.
Creador de la palabra antipsiquiatría y principal representante de esa corriente, junto con Ronald Laing, David Cooper nació en Ciudad del Cabo, en una familia que él calificó de “común”. Después de estudiar música, se orientó hacia la medicina, y obtuvo su diploma en 1955. Ejerció entonces en un centro médico reservado a los negros, adhiriendo por otra parte al Partido Comunista clandestino. Instalado después en Londres, se casó con una francesa, con la que tuvo tres hijos; más tarde, durante cierto tiempo, fue el compañero de Juliet Mitchell, mascarón de proa del movimiento feminista anglosajón y especialista en el pensamiento lacaniano. En 1962 creó el célebre Pabellón 21, en el interior de un vasto hospital psiquiátrico de la periferia de Londres. Basándose en las tesis sartreanas, y más en general en la fenomenología existencial, en ese lugar inaugural puso en obra una práctica de impugnación de la nosografía psiquiátrica que iba a llevarlo a rechazar radicalmente la tradición occidental heredada de Eugen Bleuter. Como todos los artífices de la antipsiquiatría, él veía en la locura, y sobre todo en la esquizofrenia, no una enfermedad mental, sino una “experiencia”, un “viaje”, un “pasaje”. También comenzó de manera muy pragmática a pedirle al personal tratante que “ya no hiciera nada”. En una oportunidad le dijo a un paciente internado: “Le doy este truco llamado Largactil para que podamos ocuparnos de cosas más urgentes”. Finalmente, decidió permitir que en los corredores y habitaciones del establecimiento se acumularan los desperdicios. Gracias a ese pasaje al acto, los enfermos podían descender al infierno, hacer una regresión, manosear sus excrementos, volver a encontrar una especie de estado arcaico, y después ascender hacia el mundo de los vivos. Cooper propuso que ex enfermos se convirtieran en enfermeros y que los internados tuvieran derecho a la sexualidad. A pesar de los fracasos y conflictos, la experiencia fue concluyente. En todo caso, demostró que en ciertas condiciones particulares, la esquizofrenia, considerada incurable, se podía curar. En 1965, convertido en el jefe del movimiento antipsiquiátrico internacional, Cooper creó con Laing y Aaron Esterson la Philadelphia Association and Mental Health Charity, así como el Hospital de Kingsley Hall, donde se recibía a esquizofrénicos. Dos años màs tarde, con Gregory Bateson, Stokeley Carmichaël y Herbert Marcuse, participó en Londres en el gran congreso mundial denominado “de dialéctica y liberación”, y destinado a poner de manifiesto el “progreso del infierno en el mundo”. El coloquio duró dieciséis horas, e inscribió a la antipsiquiatría en la sensibilidad libertaria. Reunió a negros norteamericanos, feministas, estudiantes rebeldes de Berlín occidental y representantes de todos los movimientos tercermundistas. De tal modo, la utopía cooperiana de una locura destrabada encontró una nueva bandera: la de los oprimidos del mundo, en lucha por su reconocimiento. Muy pronto Cooper asumió la defensa de los disidentes soviéticos, víctimas de internaciones abusivas, y propuso la creación de un gran movimiento de “disidencia intelectual- basado en una nueva definición de la actividad creadora. A partir de 1972 se instaló en París, donde numerosos psicoanalistas de la corriente lacaniana y del movimiento de psicoterapia institucional habían acogido favorablemente sus tesis: entre ellos Maud Mannoni, Octave Mannoni y Félix Guattari. Negándose a practicar la psiquiatría o a integrarse en cualquier institución normativa, vivió de recursos circunstanciales y participó en todos los combates de la izquierda intelectual francesa en favor de los homosexuales, los locos, los disidentes y los presos, junto a Michel Foucault (1926-1984), Robert Castel o Gilles Deleuze (1925-1995). Pero, identificado con los marginales y los excluidos de todas partes, experimentó sobre sí mismo las formas de errancia propias de esa gran época contestataria. Alcohólico y glotón, durante los últimos años de su corta vida no vaciló en pasear su silueta de gigante barbudo y obeso donde existiera la posibilidad de dar batalla al orden establecido. Murió de una crisis cardíaca después de haber afirmado en voz alta: Romper de manera suficientemente clara con el sistema equivale a arriesgar todas las estructuras de seguridad de la propia vida, así como el cuerpo, el espíritu, los bienes y el piano”.

Lo que dejo a continuación es un fragmento del capítulo “La reinvención del amor”, del libro “La gramática de la vida”, en el cual cuenta sobre diferentes experimentos que Cooper realizó, y concluye lo siguiente: “El mayor temor de todos no tiene nada que ver con el odio y los actos agresivos. El mayor temor consiste en amar y ser amado. En las curiosas contorsiones de la mente, el amor se equipara a la locura. Se lo siente como una pérdida total del yo, lo que es equivalente a una temida locura. Esto es cierto en cuanto al acto de amar, incluso en momentos en que el orgasmo no está contenido en la experiencia. Si mediante algún tipo de experiencia terapéutica, no necesariamente profesional (de hecho es mucho menos común en la terapia profesional), podemos aprender a aceptar esta pérdida del yo con la certeza anticipada del retorno del yo, estamos abiertos al amor. El amor ha sido perdido y tiene que ser re-inventado. El amor es una estructura que ha sido falsamente desestructurada a través del desarrollo de la propiedad como mediadora de las relaciones humanas. El amor sólo puede ser reinventado con una desestructuración de la falsa estructura existente, mediante un cambio en las relaciones de propiedad. Este cambio sólo puede producirse a través del desarrollo comunitario, o de pasos cuantitativos hacia la revolución cualitativa de toda la sociedad.”

Pueden continuar la lectura bajándose el capítulo completo en PDF de acá – http://www.contranatura.org/articulos/Sex/Cooper-Reinvencion.htm

La enfermedad mental no existe, por lo que los psiquiatras y las medicaciones que aplican, son un invento de la misma ciencia. Las afecciones de la mente son situaciones normales que desarrollan las personas para defenderse de un ambiente social que es el que produce una alteración de la regularidad. Y este ambiente social parte de los padres y educadores inicialmente y se mantiene a través de lo cultural y lo social.
En 1960, Thomas Szasz publicó ”El mito de la enfermedad mental”, obra considerada como el acta fundadora de la antipsiquiatría (aunque el autor nunca se consideró antipsiquiatra), y en la cual parte de un extenso análisis de la histeria para cuestionar toda la nosología psiquiátrica imperante, concibiendo las supuestas enfermedades mentales más bien como modalidades de comunicación, un “protolenguaje” que en vez de recurrir a símbolos verbales emplea signos icónicos, como el sueño y las fantasías. Plantea además que los psiquiatras no se enfrentan con patologías verdaderas sino con dilemas éticos, sociales y personales. “Los psiquiatras no se ocupan de las enfermedades mentales y de su terapia. En la práctica enfrentan problemas vitales de orden social, ético y personal.” (Szasz T. El mito de la enfermedad mental).
Antipsiquiatría es oposición a ver y tratar la salud mental desde la óptica de los valores del satatu quo y a la violencia que eso implica contra la diferencia.
El DSM-IV, el manual por excelencia que utilizan en la actualidad para diagnosticar patologías mentales y conductuales la mayoría de los psiquiatras y psicólogos, considera como uno de los síntomas a tomar en cuenta para diagnosticar lo que se llama una conducta antisocial lo siguiente- cito de memoria: Irresponsabilidad consistente indicada por fallos en mantener una conducta de trabajo consistente o en cumplir obligaciones financieras. Con lo cual los llamados anti-sistema (reales o pseudo-luchadores contra el poder y la ideología dominante) tienen una conducta patológica. Con esta claridad , se considera uno de los síntomas a tomar en cuenta para diagnosticar lo que se considera una conducta patológica, la transgresión de un valor mercantil (es el trabajo y el dinero en el capitalismo). En el crear ideología favorable al sistema capitalista, occidental le llaman otros, efectivamente las llamadas ciencias de la salud mental y las de la educación y lo social, juegan un papel muy importante- junto a los llamados medios de información: TV, radio, prensa, internet.

Psiquiatria Progre para blog[1]

https://gerardoprovenzano.wordpress.com/page/8/
http://www.topia.com.ar/articulos/1104-hsm-memorias.htm
http://laingsociety.org/colloquia/inperson/davidcooper/index.htm
http://psiquiatrianet.wordpress.com/2008/05/13/david-cooper/
http://estransfusiones.blogspot.com.es/2010/05/david-cooper-antipsiquiatria-y-lsd.html

 

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